lunes, agosto 27, 2012

  • Rango del artículo

  • 27 ago 2012

  • ABC

  • POR JUAN ANTONIO SAGARDOY FJAVIER CARBAJO JUAN ANTONIO SAGARDOY CATEDRÁTICO DE UNIVERSIDAD Y VICEPRESIDENTE DEL FORO DE LA SOCIEDAD CIVIL

  • YA NADA SERÁ IGUAL



    «Podemos y debemos salir del hoyo, mentalizándonos de que aunque no todo será igual, podemos vivir razonablemente bien aún con sacrificios y renuncias. Será distinto, pero podrá ser sostenible»

    LA profunda crisis que nos azota desde hace unos años es como un tsunami que arrastra vivencias, posiciones y sentimientos, creando, a la vez, una revolución en nuestro modo de vivir. Preocupación y tristeza, quizá sean las dos principales consecuencias de la crisis. No creo exagerar si digo que en una proporción altísima el tema normal de conversación, a todos los niveles, es la crisis: «Hay que ver cómo está todo»; «Vamos a ver lo que dura»; «No hay mal que cien años dure»; «Lo importante es la salud»; «Tenemos la mitad de lo que teníamos». Y así hasta la saciedad. Y a continuación de los lamentos vienen las reflexiones y soluciones: «Aquí, lo que hay que hacer es bajar el gasto del Estado»; «Los políticos son los primeros que deben dar ejemplo»; «De tanto gasto inútil viene todo»; «Lo que no hay derecho es a que paguemos el pato los de siempre»; «El gobierno es el que tiene que solucionarlo»; «La sanidad, educación y las pensiones son intocables»; «Las Autonomías nos llevan a la ruina». Y así hasta el infinito. Todos se convierten en legisladores y en profetas. Y curiosamente nadie asume su parte alícuota en el desastre que padecemos. Siempre son los demás. No se habla en singular.
    Pero en algo tienen, tenemos, todos razón. Esto ya no se parece en nada a lo que tuvimos y lo que tuvimos no volverá. Esperemos que no tenga razón Kondratiev, cuando nos dice que en la cercana historia (desde 1789) a veinticinco años de crecimiento le siguen veinticinco años de crisis. No lo sé, pero si parece claro que la crisis va para largo.
    ¿Y qué hacemos? Lo primero es asumir cada uno su propia responsabilidad y obrar en consecuencia. No saldremos del hoyo si echamos siempre la culpa «al otro» sean personas o instituciones. Seguro que todos tienen culpa y que todos deben emprender con firmeza e imaginación el cambio necesario. Pero cada uno de nosotros debe reflexionar en lo que respecta a su conducta. Conjugar —para nosotros y para nuestros hijos— los valores de austeridad, prudencia, coraje, generosidad, esfuerzo y solidaridad. Y ello tiene, evidentemente, un precio. En tal sentido conviene que reflexionemos sobre el Estado de bienestar que inunda nuestra existencia desde la lejana época de las leyes sociales de Bismarck y Beveridge. Esas leyes que fueron la simiente dieron un enorme fruto con los postulados de la social democracia, especialmente bajo el mandato, en Suecia, de Olof Palme. Como dijo Beveridge, el Estado para cumplir con la sociedad debía luchar contra «los cinco azotes de la Humanidad como son: la enfermedad, la ignorancia, la dependencia, la decadencia y la infravivienda». Pero Keynes convence a Beveridge de que para eso es necesario gastar y que ese gasto social lo debe asumir el Estado.
    Casi siempre estas ideas son difícilmente rebatibles pero tienen un factor condicional clave; en concreto el crecimiento económico y el empleo. Cuando ambos factores se vienen abajo es muy difícil mantener aquello que está encima de ellos, y en concreto el gasto social ilimitado. Y es que el Estado de bienestar tal como se ha practicado entre los europeos ha producido, por su mala aplicación, una atrofia del esfuerzo individual, un ejercicio de picaresca, y una irresponsabilidad en la salud financiera del sistema. El interesante libro del profesor Mauricio Rojas «Reinventar el Estado de bienestar» relata con agudeza la profunda transformación que sufrió tal Estado en su cuna primigenia como fue Suecia. Cuando en la década de los setenta se pone en marcha esa gigantesca maquinaria del Bienestar social a cargo del Estado la economía pasó de ser de mercado a una economía planificada, de modo que cuando falló el crecimiento, el déficit público se disparó lo mismo que el desempleo. El Estado no era de Bienestar sino Benefactor. Todo estaba planificado, todo estatalizado. Y el gran mérito de los suecos —como dice Rojas— fue el poner en marcha, con un gran coraje y una transformación educativa del sentir de los ciudadanos, un estado posibilitador, «que no pretende imponer a los ciudadanos soluciones para sus necesidades vitales sino posibilitarles que las resuelvan de acuerdo a decisiones tomadas con amplia libertad». Y así desde 2006 el nuevo Gobierno sueco ha logrado, con gran decisión e inteligencia, que el sistema que estaba casi arruinado, resurja con fuerza dando lo mismo pero de otra manera. Dicho en síntesis, ha dado un gran espacio a la autonomía de voluntad de los ciudadanos desmantelando el monopolio público en los servicios. El Estado y los municipios dan unos «vales» que en materia de salud y educación se canjean por unos servicios que elige el ciudadano en función de su eficiencia, y no de que quien lo preste sea público o privado. Y así se eligen las escuelas u hospitales que les parecen mejores y quienes prestan los servicios reciben la financiación de la Administración con igualdad de trato sean públicos o privados. Lo que prima, en su competencia, es ser más eficientes con los mismos recursos. Es lo que los suecos han denominado «la revolución de la libertad de elección» que ha logrado hacer sostenible y eficaz el sistema.
    Traigo esto a colación porque entre nosotros, no sé muy bien por qué, lo privado está demonizado. Hemos puesto en práctica un maniqueísmo de consecuencias nefastas. ¿Por qué lo privado es intrínsecamente malo? Se podría decir que porque genera beneficios a sus gestores. ¿Y eso es malo? Lo importante es la eficiencia y la responsabilidad social. Si el Estado paga a unos y otros los servicios básicos del vivir y los ciudadanos pueden elegir seguro que todo funciona mejor y con menor gasto. Muchos recortes se podrían evitar con la puesta en práctica de esta filosofía. O tra de las consecuencias de la depresión económica en la que estamos es la necesaria responsabilidad en los gastos de la Administración. No se trata tanto de recortar de modo inmisericorde los sueldos de los funcionarios sino en impulsar la eficiencia de las Administraciones públicas con el inevitable adelgazamiento de estructuras y disminución no tanto de funcionarios sino de personas, normalmente nombrados a dedo por simpatía política, que con el sombrero de asesores, consejeros, expertos, etcétera nos cuestan un ojo de la cara.
    Es comprensible que sea duro quitar un sueldo a un amigo o simpatizante, pero si no se hace todo irá a peor. ¿Y qué decir de los gastos inútiles? Por poner un solo ejemplo el coste de los traductores en el Senado, al gallego, catalán, y vasco es un insulto al ciudadano que ve aumentar sus impuestos y reducir sus ingresos. Y no digamos del capítulo de subvenciones y de las duplicidades de organismos autonómicos y estatales. Ahí está la clave del ahorro.
    Y es que otra de las buenas consecuencias de la crisis es la necesidad de ejemplaridad. Hoy la gente no pasa ni una. Y eso es positivo porque todo sufrimiento se alivia cuando se ve que se comparte. Podemos y debemos salir del hoyo, mentalizándonos de que, aunque no todo será igual, podemos vivir razonablemente bien aún con sacrificios y renuncias. Será distinto, pero podrá ser sostenible.

    sábado, agosto 04, 2012

    ¡Excelente Juan Granados y "su aviso" a políticos

    Aviso a aprendices de político y resabiados en general: manera en la que Napoleón Bonaparte acabó con la bancarrota del Estado

    de Juan Granados, el Sábado, 4 de agosto de 2012 a la(s) 20:16 ·
    Allá por 1800, cuando Napoleón accedió al Consulado, enderezó las cuentas públicas en un año...creando un cuerpo de funcionarios fiscales, miren ustedes por donde y extraigan las consecuencias precisas:

    "Como cualquiera podría suponer, Napoleón comenzó su tarea de gobierno al minuto siguiente de ser nombrado. Era mucha la faena que tenía por delante, construir todo un Estado, pero antes de ello, debía sanear las cuentas públicas que el Directorio había contribuido a adelgazar hasta reducirlas prácticamente a la nada, o lo que es peor, a una deuda inasumible. Las cifras que se encontró Bonaparte al acceder al consulado eran ciertamente descorazonadoras: el Tesoro público poseía en efectivo tan solo 167.000 francos, en tanto debía a los acreedores 475 millones. El papel moneda que circulaba por doquier valía menos que nada debido a la inflación que se había generado. Los funcionarios civiles no cobraban desde hacía 10 meses, con el ejército era todavía peor, cuando Napoleón se interesó por el importe de las soldadas a un oficial del servicio de intendencia militar, la respuesta fue desoladora:
    —Pero puede saberlo gracias a las nóminas de pago —afirmó el Primer Cónsul.
    —No pagamos al ejército —respondió el oficial.
    —Entonces, mediante las listas de raciones —insistió Napoleón.
    —No lo alimentamos —fue la respuesta —Gracias a las listas de uniformes, entonces.
    —Tampoco lo vestimos.

    Lo mismo ocurría en todos las partidas que dependían del dinero público, en los asilos de huérfanos ya morían los niños de hambre, era urgente financiarse como fuese. Sin perder el tiempo, Bonaparte obtuvo un par de millones de francos de banqueros de Génova y otros tres de bancos nacionales, con eso y la creación de un juego de lotería, se pudo evitar la quiebra total durante los primeros meses del Consulado, pero no sería suficiente si no se racionalizaba el sistema fiscal y el régimen de exacciones para el Estado. Como primera medida, Napoleón dispuso la creación de un cuerpo de 840 funcionarios, ocho por departamento, dedicados exclusivamente a recaudar impuestos. Para formar parte del mismo, se les exigió adelantar un 5% del ingreso anual previsto. Ni que decir tiene que los nuevos inspectores se aplicaron con celo a su tarea, de forma que pronto aseguraron la continuidad del Estado durante diez días más, poco después un mes. Para incentivar la contribución, prometió que pondría el nombre del primer departamento que alcanzase el 100% de lo exigido a una plaza de París, el resultado del desafío fue la actual plaza des Vosges. El nuevo sistema, que grababa sobre todo las rentas y la propiedad se mostró mucho más eficaz que la desbocada hidra impositiva del Antiguo Régimen basada en docenas de gabelas exigidas al pueblo. Consiguió obtener una media anual de 660 millones de francos, 185 más que los que solía recaudar el sistema anterior. Con el tiempo, el régimen fiscal se complementó con una serie de impuestos indirectos y rentas estancadas: vino, naipes y carruajes (1805), sal (1806) y tabaco (1811).
    A la vez que lograba que el dinero volviese a fluir por las venas del Estado, se propuso reducir todo gasto superfluo, enfrentando a dos ministerios como “enemigos naturales” el de Finanzas y el del Tesoro, como el mismo afirmaba: “Uno me dice: "Prometí tanto, y se debe tanto"; y el otro: "Se ha recaudado tanto". Al enfrentarlos obtengo seguridad”. Mientras murmuraba para sí “estoy rodeado por una pandilla de canallas”, el pequeño cabo consiguió equilibrar el presupuesto, retiró el papel moneda sobrante y redujo la deuda pública a la minúscula cantidad de ochenta millones de francos, cuando el Estado había llegado a deber, como ya hemos dicho, 475 millones. Todo ello a costa de revisar, muchas veces en persona, las cuentas públicas. Se cuenta que en cierta ocasión encontró un error contable de un franco con cuarenta y cinco céntimos en un presupuesto de varios miles de francos.
    Para evitar el carácter usurario de los préstamos bancarios que debió suscribir al principio a un 16% de interés, cuando consideraba que cualquier tipo superior al 6% era un robo, el 13 de febrero de 1800 creó el Banco de Francia, con un capital inicial de treinta millones de francos, con capacidad de emitir moneda hasta el límite lógico de las reservas reales en oro, limitando el interés de sus préstamos al 6% establecido, cualquier ganancia adicional debería integrar sus fondos de reserva. Para mayor seguridad, en 1807 fundó una oficina de Auditoría con la misión de controlar cada céntimo del gasto público. De esta manera, nunca necesitó devaluar la moneda circulante y el costo de la vida se mantuvo estable desde el primer año de su Consulado. Para muestra la evolución del valor de de los bonos de la deuda pública, que se cotizaban a doce francos al final del Directorio, a 44 francos en 1800 y valían 94,40 en 1807."

    El Génesis creacionista narrado científicamente

    http://www.youtube.com/watch?v=rV8nlGbpdpQ&feature=plcp

    jueves, agosto 02, 2012

    SIN COMENTARIOS

    El sueco Jens Aron Modig durante la rueda de prensa en La Habana. | Afp

    "Para conseguir la liberación de Aron Modig, el ministerio de Exteriores sueco y la embajada en La Habana estuvieron en negociaciones con las autoridades cubanas", afirma Henrik G. Ehrenberg, presidente del Centro Cristiano Democrático Internacional, una ONG muy cercana al partido de Jens Aron Modig, los Democristianos Suecos (KDU)
    Ehrenberg, que conoce personalmente al mítico disidente fallecido Oswaldo Payá (ha escrito un libro sobre él titulado ' Cuba desde dentro'), cuenta que "no tuvieron ninguna posibilidad de contactar con él" desde su detención hasta la rueda de prensa antes de que cogiera el avión rumbo a Suecia.
    En otra comparecencia a los medios anterior aquella rueda de prensa, Ángel Carromero reconoció que ningún coche les embistió y que él perdió el control del vehículo, lo que provocó el accidente en el que murió Payá.
    Pero más de una semana después de aquel accidente, hay una pregunta que sigue sin resolverse. Si sólo fue un accidente, ¿por qué Carromero se encuentra retenido todavía?, se preguntaba Ehrenberg druante una entrevista telefónica.
    "El porqué del regreso de Modig y la retención de Ángel Carromero en Cuba es algo que sólo saben las autoridades cubanas, creo que es una situación terrible.", dice Ehrenberg. "Aparentemente, las autoridades han creído que Modig estaba durmiendo en el momento en el que se produjo el trágico accidente. Quizás esta sea la razón por la que él está en casa", añade.
    Sin embargo, la situación para Carromero es delicada. Ambos entraron como turistas en la isla y mantuvieron contactos no autorizados con la oposición. Modig incluso admitió que el propósito de su viaje era entregar 4.000 euros a Payá. Pero mientras Modig ha regresado a su país (no comparecerá ante la prensa hasta el viernes), el joven español, vicesecretario de Nuevas Generaciones del Partido Popular, está detenido y puede enfrentarse a una condena de hasta 15 años de cárcel por homicidio involuntario.
    El silencio se impone. "Nadie debe hacer política mientras el proceso no haya acabado, hay gente muy respetable que ha muerto", apunta Ehrenberg. También la precaución se impone en España, donde tanto el Ministerio de Exteriores como el Partido Popular han pedido "máxima cautela".
    Jens Aron Modig hablará en los próximos días y se espera que cuente con detalle lo que sucedió en Cuba. Ayer, el líder de los Democristianos Suecos, Göran Hägglund, declaró que su partido estaba "orgulloso" de la "contribución" de Aron Modig "a la democracia y la libertad".

     
     




    miércoles, agosto 01, 2012




    Indecentes - Falsamente atribuído a Arturo Pérez Reverte; no es cierto pero su contenido tiene enjundia lo haya escrito quien lo haya hecho.

     Como me   gustaría que esto se hiciera realidad


    INDECENTES (Anónimo circulante en Internet)


    Me  gustaría transmitirle al Gobierno pasado, al actual, y al que puede  venir lo siguiente:

    TENGAN LA VERGÜENZA de hacer un  plan para que la Banca devuelva al erario público los miles de millones  de euros que Vds. les han dado para aumentar los beneficios de sus         accionistas y directivos; en vez de facilitar el crédito a las familias  y a las empresas, erradicarlas comisiones por los servicios bancarios y  que dejen de cobrar a los españoles más humildes €30.01, cada vez que su  menguada cuenta se queda sin saldo.
    Cosa que  ocurre cada 1º de mes cuando les cargan las facturas de colegios,  comunidades, telefonía, Etc. y aun no les han abonado la  nómina.

    PONGAN COTO a los desmanes de las empresas  de telefonía y de ADSL que ofrecen los servicios más caros de Europa y de peor calidad.

    ELIMINEN la duplicidad de muchas  Administraciones Públicas, suprimiendo organismos innecesarios,  reasignado a los funcionarios de carrera y acabando con los cargos,  asesores de confianza y otros puestos nombrados a dedo que, pese a ser  innecesarios en su mayor parte, son los que cobran los sueldazos en las Administraciones Públicas y su teórica función puede ser desempeñada de forma más cualificada por muchos funcionarios públicos titulados y que         lamentablemente están infrautilizados.

    HAGAN que los políticos corruptos de sus partidos devuelvan el dinero equivalente a  los perjuicios que han causado al erario público con su mala gestión o/y  sus fechorías, y endurezcan el Código Penal con procedimientos  judiciales más rápidos y con castigos ejemplares para ellos.

    INDECENTE, es que el salario mínimo de un  trabajador sea de 624 €/mes y el de un diputado de 3.996, pudiendo  llegar, con dietas y otras prebendas, a 6.500 €/mes. Y bastantes más por         diferentes motivos que se le pueden agregar.

    INDECENTE, es  que un profesor, un maestro, un catedrático de universidad o un cirujano  de la sanidad pública, ganen menos que el concejal de festejos de un  ayuntamiento de tercera.

    INDECENTE,  es que los políticos se suban sus retribuciones en el porcentaje que les apetezca (siempre por unanimidad, por supuesto, y al inicio de la  legislatura).

    INDECENTE, es que un ciudadano tenga que cotizar 35/40 años para percibir una jubilación y a los diputados les  baste sólo con siete, y que los miembros del gobierno, para cobrar la  pensión máxima, sólo necesiten jurar el cargo.

    INDECENTE,  es que los diputados sean los únicos trabajadores (¿?) de este país que están exentos de tributar un tercio de su sueldo del  IRPF.

    INDECENTE, es colocar en la administración a miles de asesores = (léase amigotes con sueldos que ya desearían los técnicos  más cualificados)

    INDECENTE, es el ingente dinero destinado a sostener a los partidos y sindicatos pesebreros, aprobados  por los mismos políticos que viven de ellos.

    INDECENTE, es  que a un político no se le exija superar una mínima prueba de capacidad  para ejercer su cargo (ni cultural ni intelectual).

    INDECENTE, es el coste que representa para  los ciudadanos sus comidas, coches oficiales, chóferes, viajes (siempre en gran clase) y tarjetas de crédito por doquier.

    INDECENTE, No es que no se congelen el sueldo sus señorías, sino que NO se lo bajen.

    INDECENTE,  es que sus señorías tengan seis meses de vacaciones al año.

    INDECENTE, es que ministros, secretarios de estado y altos cargos de la política, cuando cesan, son los únicos ciudadanos de este país que pueden legalmente percibir dos salarios del ERARIO         PÚBLICO.

    Y que sea cuál sea el color del gobierno, toooooooodos   los políticos se benefician de este moderno “derecho de pernada”  mientras no se cambien las leyes que lo regula.

    ¿Y  quiénes las cambiarán? ¿Ellos mismos? Já.

    Juntemos firmas para que haya un proyecto de ley con “cara y ojos” para acabar con estos         privilegios, y con otros.

    ¡¡¡ Haz que esto llegue al Congreso a través de tus amigos !!!
    ÉSTA  SÍ DEBERÍA SER UNA DE ESAS CADENAS QUE NO SE DEBE ROMPER, PORQUE SÓLO NOSOTROS PODEMOS PONERLE REMEDIO A ESTO, Y ÉSTA, SI QUE TRAERÁ AÑOS DE  MALA SUERTE SI NO PONEMOS REMEDIO, está en juego nuestro futuro y el de       nuestros hijos.

    Autor:        ANÓNIMO

    martes, julio 31, 2012

    Admitámoslo: la libertad religiosa no nos gusta

    Admitámoslo: la libertad religiosa no nos gusta

    Admitámoslo: la libertad religiosa no nos gusta

    Por: Redacción
    Tres polémicas recientes en torno a la libertad religiosa dan pie al columnista del "New York Times" Ross Douthat para preguntarse si es verdad que en las sociedades democráticas modernas somos tan respetuosos con el ejercicio de esta libertad como creemos serlo.
    0 comentarios


    Tres polémicas recientes en torno a la libertad religiosa dan pie al columnista del New York Times Ross Douthat para preguntarse si es verdad que en las sociedades democráticas modernas somos tan respetuosos con el ejercicio de esta libertad como creemos serlo.
    La primera polémica comenzó cuando el Ministerio de Sanidad de EE.UU. se empeñó en imponer la obligación de financiar anticonceptivos, la píldora del día siguiente y la esterilización en los seguros médicos a las instituciones que consideraban esos servicios contrarios a sus creencias religiosas (cfr. Aceprensa, 27-01-2012).
    La segunda tuvo lugar en Alemania el pasado mes. Un juez de Colonia estableció que la circuncisión solo podrá practicarse en adultos que den su consentimiento. Pese a que la religión judía establece que los niños han de ser circuncidados a los ocho días de su nacimiento, el juez estima que no se ha vulnerado la libertad religiosa.
    La tercera nos devuelve otra vez a EE.UU., donde los alcaldes de tres ciudades (Boston, Chicago y San Francisco) le han dicho al presidente de la cadena de comida rápida Chick-fil-A, el empresario Dan Cathy, que su compañía no es bienvenida en su territorio. ¿Su crimen? Haber declarado en una entrevista que solo entiende por familia la de madre y padre casados (“la familia tal y como la entiende la Biblia”, dijo).
    “Las palabras ‘libertad de creencia’ no aparecen en la Primera Enmienda”, escribe Douthat en el New York Times (28-07-12). “Tampoco la expresión ‘libertad de culto’. Lo que sí garantiza para todos los estadounidenses la Constitución es algo que sus autores llamaron el ‘libre ejercicio’ de la religión”.
    “Es una elección importante de palabras, porque supone reconocer que la fe religiosa no puede reducirse a un asunto simplemente privado o individual. (...) Las exigencias de la mayoría de los credos religiosos van más allá de la asistencia a un servicio religioso un día señalado; abarcan obras de caridad, tareas educativas, esfuerzos misioneros y otras actividades que cualquier garantía de la libertad religiosa debe proteger”.
    Douthat corrobora unas recientes palabras de Michelle Obama al dirigirse a la Iglesia Episcopal Metodista Africana: “Nuestra fe no consiste solo en aparecer en la iglesia los domingos. Tiene que ver también con lo que hacemos de lunes a sábado... Jesús no limitó su ministerio a las cuatro paredes de una iglesia. Salió a luchar contra la injusticia y a decir la verdad al poder todos los días”.
    Para Douthat, la clase dirigente occidental muestra una creciente confusión acerca de lo que significa el “libre ejercicio” de la religión. En las sociedades pluralistas, no hay inconveniente en que un médico católico se oponga personalmente a la esterilización, pero no se admitirá que un hospital católico lo rechace también en el seguro de sus empleados; tampoco hay inconveniente en que un judío adulto esté a favor de la circuncisión, pero se considera que no puede pretender imponer esa costumbre de dudoso gusto a un tercero, aunque sea su hijo; y el propietario de una cadena de fast-food puede casarse todo lo religiosamente que quiera; pero si apoya en público el matrimonio de siempre, sepa que siempre habrá alcaldes dispuestos a boicotearle el negocio.
    Llegados a este punto, Douthat lo único que pide es un poco de honradez. “Si quieres multar a hospitales católicos por seguir las enseñanzas católicas, o impedir a unos padres judíos que circunciden a su hijo, o prohibir a Chick-fil-A que abra establecimientos en Boston, entonces no nos digas a los creyentes que respetas nuestras libertades. Di lo que realmente piensas: que el ejercicio de nuestra religión amenaza todo lo que consideras bueno y decente, y que vas a emplear todo los medios de poder a tu alcance para plegarnos a tu voluntad”.

    Fuente: The New York Times


    jueves, julio 26, 2012

    La obligación incumplida de gobernar de Mariano Rajoy


    BIOGRAFÍA
    José Antonio Zarzalejos es licenciado en derecho por la Universidad de Deusto y periodista. Ha desempeñado puestos de distinta responsabilidad tanto en el Grupo Correo, primero, como en Vocento, después. Fue director del diario ABC de 1999 a 2008. Su "cuaderno de notas" pretende ser una aproximación certera a la realidad política, económica y social española e internacional.
    José Antonio Zarzalejos.- 25/07/2012
    El presidente del Gobierno, cuando es investido en esa condición por el Congreso de los Diputados, adquiere el pleno derecho a, con las facultades que le otorgan las leyes, gestionar los asuntos públicos con un margen de autonomía que en el caso de Mariano Rajoy es extraordinariamente amplio. No sólo porque dispone de una holgada mayoría absoluta parlamentaria, sino también, porque los electores entregaron a su partido el 22 de mayo de 2011, un insólito poder territorial en las Comunidades Autónomas y Corporaciones Locales.
    Todo derecho -en este caso, el de gobernar- tiene una correspondiente obligación. El presidente del Gobierno ha de ejercer el Gobierno y los ciudadanos han de percibir que son gobernados. La omisión, el quietismo, la pasividad, el mero discurrir del tiempo a la expectativa de lo que pueda suceder, no es gobernar. Más aún: implica un grave incumplimiento ético de la responsabilidad, del deber de gobernar. Y de poco vale que se aduzca que el presidente gobierna, si lo hace, en la intimidad. El gobierno del Estado no es como la ley de la gravedad que actúa pero no se nota. El gobierno debe ser percibido por los ciudadanos que ayer, después de unas jornadas de máxima tensión y desconcierto, vivieron otra más -quizás definitiva- en la que la presidencia del Ejecutivo pareció traspasada a un ministro de Economía que se trasladó a Alemania al amparo de una motivación eufemística, tan habituales en la dialéctica pública del Gabinete de Rajoy.
    Si cunde el desconcierto… y el presidente del Gobierno no se digna lanzar un mensaje es que Mariano Rajoy no está a la altura de las circunstancias y desde luego, se encuentra sideralmente alejado de las expectativas de sus votantes
    Entre tanto, la prima de riesgo seguía encaramada en los 638 puntos básicos, el Ibex 35 (todas sus empresas desmanteladas) perforaba el suelo de los 6.000 puntos y Cataluña, la Comunidad Autónoma que reporta al PIB nacional del orden del 18% admitía (fíjense bien: en la BBC a través de una entrevista con el consejero de Economía de Generalitat), con sus autoridades desoladas, que acudirá al Fondo de Liquidez Autonómica sometiéndose a la condicionalidad que establece el capítulo II del Real Decreto Ley del pasado 13 de Julio que lo regula. Como todos estos acontecimientos no parecían suficientes, el atropellamiento y la improvisación intolerables -por incompetentes- del Gobierno y del PP, han hecho coincidir en esta semana de julio las comparecencias por el caso Bankia. Si la de Campa, exsecretario de Estado de Economía con Salgado, resultó inane, no fue así la del exgobernador del Banco de España que se tomó venganza por su expulsión poniendo a escurrir al Gobierno por su gestión en la nacionalización de la entidad, defendiendo (¡hasta dónde llega la torpeza de nuestros gobernantes!) la gestión de Rato y el error gubernamental de defenestrarlo. Y para rematar, el Ministerio de Exteriores sume en el ridículo al Gobierno al lanzar una nota con una supuesta concertación de España con Italia y Francia compeliendo al urgente cumplimiento de los acuerdos del último Consejo Europeo cuyo contenido es fulminantemente desmentido por París y Roma. Coherente este nuevo episodio -torpe- con la no menos torpe calificación de García Margallo al BCE al que ha tildado de “banco clandestino”.
    Nadie cualificado sabía ayer dónde poner los ojos sin contemplar el vacío y el yerro. El volumen de la ausencia de Mariano Rajoy resultó de tal calibre que demedió hasta niveles insospechados su ya deteriorado liderazgo. Si cuando colapsa el sistema económico; si cuando nuestras empresas sufren una descapitalización que las retrotrae a valoraciones de hace diez años; si nuestro diferencial financiero con el bono alemán está disparado (638) –y se ha doblado en menos de seis meses-; si pagamos intereses insoportables en la financiación con letras con vencimientos a meses; si el exsupervisor financiero pone en la picota al Ejecutivo e inserta una cuña en el corazón del propio Partido Popular, si Francia e Italia se indignan con nuestro ministerio de Exteriores, si cunde el desconcierto… y el presidente del Gobierno no se digna lanzar un mensaje -bastaba un canutazo, una aparición, una entrevista- es que Mariano Rajoy no está a la altura de las circunstancias y desde luego, se encuentra sideralmente alejado de las expectativas de sus votantes -entre los que me cuento, por cierto-que comienzan a experimentar la amargura de la más terrible simetría coloquial que recorre los mentideros de la Villa y Corte según la cual, Zapatero fue al PSOE lo que Rajoy es al PP. ¿Exageración?, ¿decepción?, ¿rabia?, ¿impotencia?... Cabe la esperanza de que si así fuese –si ese paralelismo resultase cierto- el PP no se parezca al PSOE y los populares no permitan que su líder y el del Gobierno destroce a la derecha española y condene a nuestra democracia a un mapa partidario a la griega.

    martes, junio 19, 2012

    Auto suicidio; Sala i Martín en La Vanguardia

    17 jun 2012
    La Vanguardia
    Xavier Sala i Martín X. SALA I MARTIN, Universidad de Columbia, UPF i Fundació Umbele. www.salaimartin.com
    Auto suicidio


    Desde la página 1 A ver. Pensemos. Si el peor enemigo de un país diseñara un plan para destruir su economía, ¿qué haría? Pues supongo que intentaría desacreditar sus instituciones más importantes para sembrar la desconfianza entre los ciudadanos y que estos dejaran de consumir e invertir.
    La estrategia podría empezar por desprestigiar a la primera autoridad (sea rey o presidente de la república) llevándole a cazar elefantes con una señorita alemana. En medio de la cacería le obligaría a resbalar y a romperse la cadera para que tuviera que volver urgentemente a su país. Así todo el mundo vería cómo se gasta decenas de miles de euros en un momento en que sus conciudadanos se hunden en la miseria. Para rematar la faena, forzaría a un familiar próximo (por ejemplo, un yerno) a apropiarse de millones de euros explotando su influencia y luego expondría sus travesuras a la luz pública. Es importante empezar sembrando dudas sobre la conveniencia de mantener en el poder a la primera familia del país.
    A continuación exigiría a los miembros del Parlamento que siguieran una regla simple: “Vota siempre lo contrario de tu adversario incluso cuando tiene razón e incluso cuando propone lo mismo que proponías tu en la anterior legislatura”. Es crucial que la ciudadanía pierda la confianza en su clase política.
    Seguiría con los más altos órganos del poder judicial. Por ejemplo, haría que el presidente del Tribunal Supremo y del Consejo General del Poder Judicial se gastara dinero público para pasar fines de semana románticos en la Costa del Sol con su chófer (masculino). Una vez malversado el dinero filtraría las facturas para desatar el escándalo y, acto seguido, haría que los jueces compañeros pusieran trabas a la investigación para proteger a su amigo. Intentaría que eso pasara justo en el momento en que alcaldes, presidentes de comunidades y parlamentos y altos cargos de las administraciones del Estado están siendo juzgados por corrupción... ¡por esos mismos tribunales! La desconfianza en la justicia es el mecanismo más seguro para hundir a un país.
    Una vez desacreditado el jefe del Estado, las altas esferas de la política y la justicia, iría a por las élites económicas. Aquí se podría lanzar un ataque contra uno de los empresarios más prestigiosos del país, posiblemente un banquero, destapando unas cuentas con miles de millones de euros en Suiza y, una vez destapado, haría que el Gobierno no le castigara. Además, indultaría a uno de sus altos ejecutivos previamente condenado por sentencia firme.
    El siguiente paso consistiría en dilapidar miles de millones de euros de dinero público para evitar la quiebra de unos bancos y cajas por amigos, parientes y correligionarios políticos. Y lo haría justo en el momento de pedir sacrificios y recortes de miles de millones a los ciudadanos. Es esencial que la gente confunda libre mercado con amiguismo incestuoso entre poder empresarial y político.

    Sin abandonar el terreno económico, obligaría al Banco Central y a la Comisión Nacional del Mercado de Valores a autorizar la salida a bolsa de uno de los mayores Bankios del país, a sabiendas de que estaba arruinado. Eso haría que miles de ciudadanos perdieran sus ahorros comprando acciones de una empresa que ya estaba muerta antes de nacer. Para hundir a un país, hay que conseguir que la gente de a pie pierda sus ahorros y que las entidades supervisoras que (en teoría) les protegen, contribuyan a su ruina.
    Y finalmente, pondría a un gobierno incompetente a la hora de gestionar problemas económicos. De hecho, lo haría durante dos legislaturas seguidas y con partido distinto en cada una de ellas. Eso demostraría que la incompetencia no es de un solo partido sino de la clase política en su conjunto. Los sucesivos gobiernos negarían las crisis económicas y echarían la culpa de todo a los extranjeros malignos. Como traca final, haría que las autoridades europeas rescataran al sistema bancario del país y obligaría al presidente del Gobierno a negar repetidamente que se trata de un rescate. También le forzaría a mentir argumentando que el rescate no tiene condiciones (o sólo “condiciones favorables”), cosa que los mismos europeos negarían unas horas más tarde. Eso refrescaría la memoria de todos, recordándoles que quienes mandan son los mismos que mintieron con los “hilillos de plastelina” y las “dos vías de investigación”. Es más, cuando la sociedad pidiera la comparecencia del presidente ante el Parlamento para dar explicaciones, le obligaría a decir (sin que se le escapara la risa) que su agenda internacional está tan llena que no hay tiempo para ir al Parlamento... y acto seguido cogería una avión oficial y me lo llevaría a ver un partido de fútbol con cargo al contribuyente. La mofa y el escarnio llegarían a todos los rincones del planeta: “You say tomato, I say bailout”. Esa sería la puya final ya que, unida al desprestigio de todas las grandes instituciones del país, eliminaría toda esperanza de salir del profundo agujero. Los ánimos de la ciudadanía se hundirían, por fin, en la más profunda depresión.
    Y ese sería el plan que diseñaría el peor enemigo de uno. ¡Sí! Ya sé que es tan retorcido, maquiavélico y exagerado que parece improbable que nadie nunca lo pueda llevar a cabo... Pero nunca digas nunca porque siempre puede aparecer un país de pandereta cuyo peor enemigo sea él mismo y cuyas instituciones, todas y cada una de ellas, estén dispuestas a desprestigiarse a sí mismas ante el asombro del mundo entero, para conseguir el objetivo común: ¡el autosuicidio!