Mostrando entradas con la etiqueta normalización linguistica. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta normalización linguistica. Mostrar todas las entradas

jueves, mayo 03, 2007

Parias a reeducar

Cristina Losada. Libertad Digital. 3 de mayo

La libertad, como bien perciben las dictaduras de todo pelaje, es extremadamente peligrosa. Los individuos pueden elegir y hacer lo que les conviene, y no lo que conviene al poder. La razón última de que existan leyes de normalización lingüística radica ahí: en el peligro que entraña la libertad. Si se dejara a las personas elegir el idioma de su preferencia en todos los ámbitos, no se sabe qué pasaría. Pero puede imaginarse a la vista de lo que ocurre cuando hay algún margen para escoger. O de lo que dicen que ocurre. Todos los informes oficiales y oficiosos que se emiten en Galicia entonan réquiems por el gallego. El último, pergeñado por el Consello Escolar, alerta de un "fracaso insólito de la legislación", léase imposición lingüística, en la enseñanza. Y aunque su alarmismo, con los datos en la mano, se demuestra exagerado, como de encargo para legitimar cualquier nueva vuelta de tuerca, debe de haber algún problema. Si tras veintitantos años de normas prolijas y chorros de dinero público en forma de campañas y subvenciones, Galicia no ha dejado de ser bilingüe, es que lo hay. El problema no es otro que la libertad. Procede, pues, y ésa es la voluntad del gobierno autonómico, de la clase política y de sus parásitos, acabar con lo queda de ella cuanto antes.

Cualquier día de éstos, se publicará un decreto para la enseñanza que finge equilibrio: la mitad de las asignaturas serán impartidas en gallego y la mitad, en español. Finge, porque no hay más que ir a la letra pequeña: como mínimo, un 50 por ciento en gallego y como máximo, un 50 por ciento en español. Los centros podrán utilizar en exclusiva el gallego. Más de la mitad en español, ni en coña. El Partido Popular, que suscribió la componenda, pretende salvar los muebles introduciendo a un tercero en discordia, el inglés. Ya veremos. Mientras tanto, el decreto en ciernes ha tenido una virtud, una sola. Por primera vez hay contestación en Galicia a una norma de ese tipo. Un grupo de profesionales impulsa un manifiesto para el que recogen firmas: Tan gallego como el gallego. Se difunde por canales alternativos y hay quien teme suscribirlo, no vaya a acabar en alguna "lista negra". Hasta ese extremo llega el miedo a plantarse racionalmente frente al tótem de la lengua "propia".

Son muchos los años de silencio que preceden a esta protesta. Años en que se ha interiorizado el mensaje de un poder fundado no en señas, sino en contraseñas de identidad. En que se ha proclamado que nuestro idioma sólo es el gallego, y el español, ajeno. En que se ha infundido un sentimiento de culpa por la decadencia del primero y se ha conjugado sin rebozo el verbo "galleguizar", asumiéndose su correlato: "desespañolizar". Un verbo, aquel, cuyas connotaciones no deben tomarse a la ligera. Señala a una parte de la población como "malos gallegos", como agentes de la "desgalleguización", como intrusos y, en fin, como enemigo interior. Pues el nacionalismo, no importan las siglas que lo cobijen ni su grado de extremosidad, siempre regresa a sus orígenes. Y si antes perseguía a los que corrompían la "pureza" de la raza, ahora hostiga a los que corrompen la "pureza" de la lengua.

Diversidad y pluralidad son conceptos ajenos, hostiles, a este nacionalismo lingüístico, como lo son para el étnico. Pero ha aprendido a maquillar sus peores rasgos. Así, el informe antes citado hace suyo el mandato de la Unesco: la defensa de la diversidad cultural; toda persona tiene derecho a expresarse en su lengua materna; debe promoverse la diversidad lingüística. Lo hace suyo y se lo pasa por el forro. No hay Unesco ni mandato que valga para los que hablan español. Son, en el mejor de los casos, parias a reeducar.

sábado, marzo 03, 2007

Os Barballocas, os salvadores da língua

Los superhéroes del gallego, contra el «mal-dito» español.Una empresa viguesa de gestión cultural crea una obra de títeres para niños, con buenos que hablan gallego y luchan contra el malo, que se expresa en castellano
Verbalinda es una bruja buena que planta semillas de gallego y Maldito le quiere destrozar el huerto El próximo domingo, el Museo Verbum llevará la palabra hasta los límites de la confrontación lingüística en un espectáculo pensado para un público infantil acostumbrado a lidiar cada día con el «coñecemento do medio», (también conocido como «coñe») pero sin el bagaje suficiente para saber que en esto de las palabras también hay buenos y malos. Quien les llevará a plantearse este tema quizás sean Os Barballocas, unos personajes que acaban de nacer de la imaginación de un creativo grupo de vigueses que han montado una empresa de gestión de proyectos culturales, Mekané Didáctica.
Ahora se enfrentan a su primer proyecto como empresa y para empezar han inventado a unos superhéroes singulares en forma de títeres de guante.
La historia de los cuatro buenos y un malo, comienza en el S. XII en el Reino de Galicia y su vida transcurre entre O Castro Outo, Boiriz y Capita Augusti. Se llaman Verbalinda (la meiga creadora de la lengua gallega, que tiene un laboratorio donde planta semillas de diferentes lenguas), la niña Falamunda, de origen suevo, (protectora de la lengua) el niño Pepiño, que es romano, la vieira Sarela (un ordenador portátil que teletransporta a los Barballocas en el tiempo, ¡y llegan hasta la mismísima Festa do Queixo en el siglo XXI!) y el malvado Maldito, bautizado así aprovechando el juego que da su traducción castellana (Mal dicho).
El malo, que odio Galicia, habla español y alguna palabra en inglés, quiere conseguir que todos los niños hablen mal el gallego, olviden la historia, la cultura y la lengua gallega, y los buenos tienen un objetivo: animar y motivar a los niños y sus familias a utilizar la lengua gallega, o como reza la nota enviada por el Verbum, «conseguir que todos os que viven ou viviron na nosa terra falen galego e que o falen correctamente».
El espectáculo se estrenará este domingo, 4 de marzo, y han sido seleccionados por la Xunta para el programa A Cultura Circula.
Pilar

sábado, febrero 24, 2007

La a-normalización y sus canallas

Los periódicos jalean la media. Los tres partidos la abrazan: se ha alcanzado un nuevo acuerdo de a-normalización lingüística en la educación. Si fuera políticamente correcto, rechazaría la medida porque no respeta el bilingüismo de Galicia ni la voluntad de los padres. Como no lo soy, - y como además soy lingüista-, la medida me parece cercana a la alta traición. Alta traición a Galicia, que es la que va a padecer estas insólitas "políticas" nacidas de la alianza entre una clase política hambrienta de poder y unos intelectuales mediocres que dicen defender el país cuando sólo buscan aumentar su sueldo.
Seguiré con las incorrecciones políticas. Les han engañado: El gallego no es una lengua adecuada para la educación. Carece de tradición, carece de bibliografía, carece de hablantes Campos semánticos enteros, los registros elevados de la lengua apenas han sido usados en gallego. De ahí que para usarlo en la enseñanza hayan tenido que inventar un léxico falso e ilógico (su única lógica es la del diferencialismo, que las palabras sean distintas al castellano), que sólo se usa en libros de texto, y que dificulta gratuitamente el siempre arduo aprendizaje. Es tan falso ese léxico que es revisado cada pocos años...

Por tanto, nuestros alumnos son sometidos a un inaudito experimento. Son educados en una lengua artificial al tiempo que tienen a su disposición una de las más importantes lenguas de cultura europeas. Su rendimiento se resiente, independientemente de cuál sea su lengua materna. Las interferencias entre ambas lenguas se suceden. Las clases educadas del país no notan el problema: sus hijos dominan el castellano culto, porque sus padres se lo han enseñado y les han leído en él los cuentos. Los demás, a joderse.. que en Canarias necesitan albañiles y en Barcelona camareros.

No, no hay palabras que expresen la indignidad de esta medida. Las gentes bien-pensantes, que no saben de lenguas (creen que existe un ente llamado gallego y otro llamado castellano), no comprenden la magnitud de la canallada. Pero que sepan que canallada es lo que le están haciendo a sus hijos. Y que sepan todos que algún día se pedirán cuentas de cómo fue posible prostituir la educación de un país para pònerla al servicio de los mediocres sueños de una pandilla de fanáticos ignorantes.

Catocensorinus Radikales Libres

viernes, febrero 23, 2007

Otra vez la unanimidad a la búlgara para pisotear a los ciudadanos

Hoy En La Voz de Galicia : "Al menos el 50 % de las clases se impartirán en gallego en el próximo curso" Y en el panel de propaganda dinámica del Bipartito
Creíamos ingenuamente que el ridículo ‘nacional’ andaluz y la grave situación de los derechos individuales en Cataluña y el País vasco, por no hablar del fracaso escolar y de la generalización de la ignorancia "nas dúas linguas" habrían enseñado algo al Partido popular de Galicia, pero es inútil. Todo es inútil con este partido, y es inútil este partido, excepto como tonto útil del socio-secesionismo.
Durante todos estos años ha sido el jefe de obras del sórdido templo edificado para la honra sacra de la lingua, pero todos conocíamos la hipocresía de su fe, y nos engañamos durante mucho tiempo considerando que era su penosa contribución a la cohesión política para mantener dentro del sistema al nacionalismo montaraz que ahora se ha aliado con el socialsimo para expulsar del sistema al PP. Como éste mantenía el poder, cabía esperar que nunca se llegaría a practicar sacrificios humanos en la faraónica y costosísisma construcción de la normalización lingüística.
Pensábamos, ahora que el bipartito había empezado a afilar la oxidiana sacrificial amenazando a los docentes con los tormentos disciplinarios, que el PP habría aprendido algo de la torpe unanimidad normalizadora, y rectificaría, o, al menos, no admitiría una degradación mayor de la situación.
Algunas tímidas declaraciones de Feijoo favorables a la escolarización en la lengua materna hacían concebir una tenue esperanza, dentro de la justificada desconfianza. Al final, la vieja inspectora, sin duda con la venia de su jefe, como la cabra, ha tirado al monte del que nunca ha salido, y hoy nos desayunamos con esta nueva infamia.
Por supuesto, recurriremos la basura jurídica acordada por estos sinvergüenzas, para intentar que su aquelarre tribal y colectivista no ahogue todavía más a quienes legítimamente preferimos educar a nuestros hijos en la lengua común de todos los españoles y oficial del estado, sin perjuicio ni mengua alguna de las preferencias de otros, a los que beneficiaría la liberación de recursos que derivarían de la satisfacción de nuestro derecho. Porque a esto se reduce la cuestión: al respeto de la libertad de opción para todos, padres y docentes, sin que unos políticos carentes de vergüenza puedan pactar la privación de derechos tan esenciales como la escolarización en la lengua materna o en la lengua de elección de los padres, y de los profesores.

miércoles, febrero 21, 2007

Hablemos con propiedad: lengua propia y libertad

Mi primer contacto con el conflicto lingüístico en Galicia se produjo en los últimos años del franquismo, cuando participé en mi pueblo en una manifestación para apoyar a un maestro de la zona que iba a ser sancionado por enseñar en gallego a los niños gallegoparlantes de su escuela. Yo era entonces apenas un chaval, pero supongo que no tuve mucha dificultad en intuir lo que resulta meridianamente claro: que constituye una cruel estupidez alfabetizar a los alumnos en una lengua distinta de la suya.
Desde aquellos lúgubres años hemos hecho un largo viaje hacia la libertad como para que alguien nos venga ahora con lo mismo: con que todos los niños de Galicia, al margen de cual sea su lengua materna, deben aprender a leer y a escribir en lo que ha dado en llamarse, con evidente abuso, la «lengua propia» del país. Una exigencia esa que, de aceptarse, supondría restituir una práctica franquista, sólo que al revés.
La teoría con la que pretende justificarse ese atentado al sentido común, a la pedagogía y a la libertad es tan falaz como su directa consecuencia: la de que son los países, y no sus habitantes, los que tienen lengua propia. Sólo hay que darse una vuelta por Galicia para constatar que no es así y que el gallego es tan propio para quienes hablan en gallego como lo es el castellano para quienes hablan en castellano. Y para constatar, también, que una y otra lenguas son percibidas como igualmente propias por esa mayoría de gallegos que las manejamos con toda normalidad, sin que surjan por ello más conflictos que los que plantean los vigilantes de la playa.
Sólo la insaciable presión de esos vigilantes permite explicar, de hecho, que nuestra Consellería de Educación haya pensado en cambiar el sistema ahora vigente, que garantiza que los niños se alfabetizarán en su lengua propia, es decir, en la materna. Un sistema que, por sensato y respetuoso con la libertad, no ha provocado protesta alguna de padres gallegoparlantes que pudieran haber sentido violados sus derechos.
Esa violación sería masiva, sin embargo, si la Consellería aceptara la exigencia que, tras una sabia rectificación, ha anunciado que será finalmente rechazada: la de que todos los niños de Galicia -también los castellanoparlantes- sean alfabetizados en gallego. Masiva, sí, según lo demuestra uno de los datos contenidos en el libro Lingua inicial e competencia lingüística en Galicia publicado en 1994 por la Real Academia Galega: que en el grupo de edad de los más jóvenes (16 a 24 años), los castellanohablantes iniciales eran ya entonces el 46% del país y los gallegohablantes sólo el 34% del total.

Roberto L. Blanco Valdés
La Voz de Galicia