martes, noviembre 13, 2007

Preocupación de un joven treintañero

Envíado por Luis


Hola, padre. Hoy es a mí a quien le toca escribirte sobre sucesos recientes, que incrementan mi preocupación sobre hasta qué punto están llegando las cosas a pie de calle.

El otro día comentaba que siempre he tenido constancia de altercados y batallas campales de guerrilla callejera entre miembros de dos bandos muy extremistas en sus postulados.

Por un lado, los nostálgicos del franquismo, admiradores de José Antonio y neonazis que lanzan heils a un Hitler mitificado, todos unidos en una amalgama de confusión tal que la ensalada ideológico es de campeonato. En esencia, chavales y no tan chavales que se enganchan a una estética y sentimiento de pertenencia a un grupo de ideales absolutos con el confort de no tener que revisarlos con ojo crítico, y que ofrecen una vía de escape a la tendencia beligerante innata al ser humano, identificando al enemigo con claridad y animando a la lucha cuerpo a cuerpo.

Por otro, la nutrida progenie de las izquierdas, desde el extremo del espectro rojo hasta el negro, mezclando también sin ton ni son a comunistas con anarquistas (¡pero si los unos se han dedicado a masacrar a los otros con mucha alegría durante todo el siglo XX!), así como a chavales que hacen de la rebeldía contra cualquier tipo de orden establecido un estilo de vida, dado que ese orden les prohíbe fumar porros (ojo, los fachas también los fuman), mearse en las esquinas y disfrutar de los bienes y servicios de la sociedad industrial y burguesa sin pagar un céntimo, mezclados con bienpensantes utópicos que sueñan con una Humanidad mestiza e igualitaria de color y fantasía, y que consideran un deber denunciar todo lo que huela a capital, religión, o patriotismo, aun a pesar de que no duden en ondear banderas de todos los colores, (¡autonómico-independentistas incluidas, que ya es el colmo de la contradicción!), siempre que lo más cercano a una bandera de España sea la tricolor republicana. En resumen, gente que sí que piensa, y mucho, pero sólo dentro de los márgenes que el dogmatismo ideológico "progre" permite, con patente cegera voluntaria ante lo benéfico que pueda haber dentro de su limitado espectro.

Yo milité en uno de esos bandos, aunque de forma moderada, como bien sabes, y en la actualidad soy el efecto de tu educación como padre, cuyo mayor legado ha sido el animar a todos tus hijos a aprender a pensar y buscar las respuestas por nosotros mismos, desconfiando de las consignas cerradas y demagógicas. Gracias por el regalo, padre. Gracias a ello, ya no milito en bando alguno más que en de la dignidad y la verdad, siempre tan esquiva y tan inabarcable desde un sólo ángulo.

Bueno, y hoy leo: ASESINADO UN MENOR A PUÑALADAS. ¿Reyerta discotequera? No. Presto atención a los detalles, y leo que un joven que incluso muestra su cortesía cediendo el asiento del Metro a dos abuelitas, se enfrenta en un duelo de miradas con un grupo de chicos de aspecto antiglobalización y acaba sacando un machete para enzarzarse con ellos a cuchilladas (¿cual habrá sido el detonante real? sería clave para comprenderlo). Mata a uno, hiere gravemente a otro, y huye a la carrera con el resto tras sus talones. Indefensos no estaban, ya que consiguen atraparle y devolverle una cuchillada, afortunadamente no letal. El que en apariencia ha sido primer agresor, soldado profesional, acudía (siempre según la prensa) a una concentración de Democracia Nacional con el claro slogan de repudiar a los inmigrantes, legales o no.

Dentro de ese contexto, sigo leyendo que la concentración con tal deleznable explotación de los instintos agresivos de tribu recibió la visita de una escuadra de sus enemigos, dispuestos a reventarla también a golpe de bate de béisbol, imbuidos del espíritu de combate contra el enemigo que abunda en ambos bandos. Cualquier excusa es buena para canalizar los deseos de violencia, y la clara identificación estética e ideológica de estos grupos extremistas ofrece blancos claros a las cachiporras. La policía tuvo que emplearse a fondo para que ambos grupos no contactaran, con sus previsibles resultados, y en el transcurso del forcejeo y momentos posteriores comenzó el típico arrebato de los idealistas del mundo sin dios ni amo: arramblar con todo lo que pillan, y lanzar cócteles molotov (joder, eso es un arma mortal) contra un coche de policía.

Lo más preocupante de todo: la concentración de repulsa por la muerte del infortunado crío de 16 años del Metro, convocada por móvil, y en la que se jalea una frase estremecedora que debería hacer saltar todas las alarmas: "a por ellos, como en Paracuellos". Mucho idealismo, mucha defensa de la dignidad humana encarnada en la protesta contra quienes pretenden cerrar las fronteras a la inmigración, pero no se privaron de poner voz al deseo de repetir un asesinato en masa inaceptable desde cualquier punto de vista. Y la cohartada de que "ha habido un grupo nazi que pretendía provocar en el barrio de Usera con una manifestación racista, y ha habido una reacción de los vecinos". Épico cuadro de un pueblo levantándose en contra de la barbarie que, de nuevo, falta a la verdad, porque todo lo que hubo fue un encontronazo en el Metro y un intento de chocar contra los rivales. Los vecinos estarían demasiado ocupados, presumo, quitándose de enmedio para que no les cayera alguna. Y por cierto, la queja me hace gracia, como si irse a Usera a pescar en el río revuelto de la xenofobia fuera más inaceptable que hacerlo en la calle Goya, que es donde suelen proliferar los carteles de estos partiduchos de extrema derecha.

A continuación (no olvidemos que he obtenido la información de El País) una noticia ligada íntimamente, colocada de tal manera que, a pesar de los hechos que no permiten identificar a un bando culpable y otro víctima en exclusiva, haga pensar que sí, que uno de los bandos es el coco malo y los otros cuentan con la legitimidad ideológica para responder a cadenazos y con cócteles: petición de un año para tres menores por pegar a un punk. Leo la noticia, referente a otro suceso de hace más de un año, cuando un grupo de neonazis salieron de cacería por el barrio del Pilar para "escarmentar a los guarros" y se dedicaron a partirle la crisma a todo el que tuviera aspecto punk, okupa o neohippy. Armados con cadenas, puños americanos, y la parafernalia habitual. A un chaval punki le aplastaron la frente a puñetazos al grito de heil Hitler, dejándole secuelas irreversibles de por vida, y consumando lo que el abogado de la acusación define como asesinato en grado de tentativa.

Faltarían, para completar el cuadro, las noticias de guerrilla urbana con molotovs y quema de coches que los del otro bando protagonizan de cuando en cuando. Y ya tenemos el panorama.
Me preocupa, y mucho, que después de tantos años predicando la tolerancia y el respeto desde las instituciones y los colegios, sigan emergiendo camadas de odio y violencia como las descritas. Sé que es algo minoritario y marginal, pero ¿quién puede asegurarnos que la semilla no arraigará en algún momento, con funestas consecuencias?

Y estoy preocupado, sí, porque no tengo la más remota idea de cómo podría remediarse esto. No veo respuesta, ni en la Educación para la Ciudadanía, ni en las creencias religiosas y sin relativismos (esas estaban frescas cuando ya fachas y rojos se zurraban los 20-N de los primeros años 80), ni siquiera en la prosperidad económica, que parecería el último recurso para que la gente deje que querer complicarse la vida en deportes tan arriesgados. ¿Laxitud policial? No sé, no sé.

Bueno, padre, que sólo quería compartir esta reflexión contigo.

Besos,

O.