jueves, noviembre 29, 2007

Los anormales


Por Antonio Jaumandreu

La ministra de Fomento sostiene que la gente normal le envía cartas dándole apoyo y felicitándole por su gestión. Incluso ciudadanos catalanes. Bueno, será que el criterio de normalidad se está alterando, modificándose a la baja.

Nada extraño por otra parte en la era zapaterina: de hecho el nivel de exigencia en todos los aspectos se ha degradado de forma alarmante en los últimos tiempos, y la prueba viviente de ello la constituye precisamente doña Magdalena que, si exceptuamos el mandato de Zapatero, no podría haber sido ministra del gobierno de España ni en una película de Esteso y Pajares.

La ministra de Fomento está adornada de múltiples virtudes, y al parecer su reciente periplo catalán le ha permitido añadir a su baúl la del victimismo: me critican por mi sonrisa, por mi vestido, por haber nacido…, clama melodramática en los pasillos del Congreso, cual Sarah Bernhardt sureña. No, mire: la critican por incompetente, por soberbia, por negligente, por arrogante, por maleducada, por embustera, por ignorante, por despótica, por irrespetuosa. Vamos, que motivos para criticarla no faltan, mucho antes de reparar en su vestuario o su sonrisa, sin duda arrebatadora. El problema no está en que personajes como usted nazcan, al contrario, que de todo ha de haber. El problema verdadero estriba en que en la España zapaterina gente como usted pueda llegar a ministro del gobierno.

Ayer mismo superó usted, si la memoria no me engaña, el listón de los desplantes a la soberanía popular, llegando veinte minutos tarde a la sesión de su propia reprobación, y haciéndolo además saludando al tendido en el más torero de los estilos. Nuevamente el problema no es usted: la ignorancia unida a la soberbia constituye una mezcla explosiva. No, el problema es que la banda de indocumentados que ocupa los bancos del PSOE le aplaudió a su entrada, uniendo a la suya su propia burla a los ciudadanos allí representados.

Eso sí: en su excursión catalana la ministra aprendió a sustituir con gracejo incomparable el tradicional “cercanías” por un saleroso “rodalies” con el que tal vez esperaba congraciarse con algún mandamás nacionalista. Vano intento. Se le da mejor lo de “antes partía que dimitía”. ¿O era antes muerta que doblada? ¿O antes sencilla que…? No sé, ahora me he hecho un lío. Me estaré volviendo normal, como la ministra.

Los árboles y el bosque

1 comentario:

Perla dijo...

Je, je, je, muy gracioso tu comentario, Antonio. Aunque, en el caso en que hubiera sido reprobada Dña Magdalena ¿a quién podrían haber puesto en su lugar? ¿Quién aceptaría tamaña responsabilidad para que se le caiga a él (o a ella) La Sagrada Familia, andenes y barrios enteros, y para lo que queda de legislatura?

Y sí, es una prueba viviente del nivel de los miembros de este "Gobierno de España". ¡Qué nivel, Maribel!