jueves, septiembre 27, 2007

Relativismo y liberalismo. (I)

Por Luis I. Gómez

Interensatísima la discusión surgida alrededor del canibalismo en Red Liberal. Como era de esperar, pronto abandonamos el terreno de lo carnal -nunca mejor dicho- para pasar al de las ideas. Y han surgido varias cuestiones sobre las que me quiero posicionar. Iracundo (el señor Lamas) considera inaceptable -amoral?, antiético?- la defensa del derecho a ser comido (muchos lectores y comentaristas lo confundieron rápidamente con la defensa del derecho a comerse a alguien - nada más erróneo-) por otro y compara el "lassez faire" ancap con la vuelta al feudalismo y la barbarie. Para Linus, corremos el riesgo de caer en el más absoluto de los relativismos morales.

Antes de entrar en la peliaguda materia de la ética, el liberalismo y el relativismo, creo necesario hacer unas cuantas consideraciones.

La primera: yo no soy anarcocapitalista.

La segunda:

El yo absoluto vs. el nosotros absoluto

En estos tiempos en los que la "política" se ha adueñado definitivamente de la bella palabra "social" para blandirla diariamente contra nosotros, atentando de forma dervergonzada y vergonzante contra la libertad y la propiedad de los individuos, lo fácil sería acogerse bajo el slogan "cuanto menos social, más libre" "Social" es lo referido al socio, al prójimo, y encuentra su antítesis en la negación del "otro" y la exaltación exclusiva de lo propio. Tal vez fuera esta una reacción comprensible ante la soberbia de los "políticos", de alguna forma manifestada ya por no pocos con un "déjame tranquilo, ya tengo bastante con lo mío" cada vez que se pretende hablar de "políticas".

Es esta actitud la que caracteriza al "individualismo" como etiqueta ideológica? Supondría semejante reacción de autoexclusión egoísta más libertad?

Sin duda, las proclamas por la libertad van acompañadas casi siempre de la reivindicación de la soberanía individual, de forma que no sería demasiado descabellado asimilar los principios liberales a la actitud de rebeldía descrita más arriba. De hecho, la libertad es reclamada, en primera instancia, allí donde está amenazada (o parece amenazada) por el "otro". El niño experimenta su libertad por medio de su primer "no", su primer "déjame en paz, no quiero ahora!" El liberalismo -con un acento tan claro en la "libertad" que se convierte en ideología - comparte espacio existencial, pues, con el individualismo, donde el "individuo" pone el acento en la exclusividad ideológica.

En realidad estamos utilizando incorrectamente el término ideología, bajo cuyo manto pretendemos elevar a la categoría de absoluto a los ideales. Desde la Ilustración hemos dado la vuelta al sentido etimologíco de la palabra ideología. Ya no hablamos de la "logía" de las ideas e ideales, sino que nos referimos a la percepción monolítica del "logos" desde una idea predeterminada.

En el concepto de individualismo encontramos una "aberración" similar: es preferible hablar de "ciudadanos" que de "individuos". In-dividuo significa indivisible. El individuo es la menor partícula posible de una sociedad. La dinámica de toda sociedad puede ser (es) interpretada mediante la investigación sobre el comportamiento de sus individuos. De nada sirve observar sólo el cerebelo de Fulano y el pulgar derecho de Mengano. Sólo in-dividido es el hombre actor en sociedad, y por ello más que la mera suma de sus partes. De lo que deducimos que, para entender una sociedad, debemos antes entender sus partes: los individuos. La aberración se la debemos a la politización socializante a que han sido sometidos los individuos. El "estatismo" que obliga a la acción social, nos convierte en "dividuos": de un lado el soberano que vota, del otro (y al mismo tiempo) el "ciudadano" que es parte de la sociedad y deja de ser dueño único de sí mismo, amalgamado en el todo. Así llegamos a la cúspide del politicismo, cuando quienes manejan la política consiguen, mediante la asimilación de los individuos en el todo del colectivo, tansformándolos en ciudadanos de un pueblo, hacer deseable ese grado de masificación enajente necesario para obtener un ciego vasallaje. De este modo, los hambrientos de poder se entregan "generosamente" al ejercicio del mismo, sabiendo que incluso las mayores atrocidades que cometan serán santificadas como "actos heróicos del pueblo" No puedo dejar de mencionar aquí la última moda al servicio del estatismo, ese colectivismo esotérico que nos invita a sentirnos "uno" y en paz eterna con todos los demás y con Gaia. Esta no es la via para alcanzar la libertad

Pero también el individualismo tiene su lado oscuro. Después de todo, es más fácil doblar una rama que un manojo de ellas. La proclamación del individualismo como único valor absoluto oculta la mayor parte de las veces la intención clara de dividir a un colectivo para diluírlo y así mejor disponer de él. Y su lado falaz. El individualista moderno (el que sale a la calle con la pancarta que dice "Tenemos derecho a una vivienda de alquiler", "Tenemos derecho a una sanidad mejor" y en realidad no piensa "tenemos", más bien "Yo tengo") está liberado por completo de la obligación de autorealizarse en el ejercicio de su responsabilidad: los padres en el asilo, los hijos en la guardería, el trabajo gracias a la cuota, el sueldo asegurado por convenio colectivo, la vivienda subvencionada por el estado y casi todas las otras decisiones molestas en manos de los funcionarios. Pero se proclaman independientes, independizados, emancipados.

El culto puro al "yo-individuo" no deja sitio para el cerdo que llevamos dentro, sólo para los muchos que hay ahí afuera. Toda la parafernalia entorno al ego no desemboca ni en la autorealización, ni en la felicidad. Tampoco en la libertad.

Y de libertad se trataba esto de ser liberal. El liberalismo proporciona esa masa crítica de ideas necesaria para, desde la percepción de uno mismo, poder proyectarse en las tareas de un grupo. "La verdadera base del pensamiento liberal es que nadie puede saber quien es el que más y mejor sabe sobre algo, y que el único proceso para averiguarlo es un proceso social espontáneo en el que cada cual intenta lo mejor de sí mismo para ponerlo al servicio de los demás." Lo dice Friedrich August von Hayek.

Aún no hemos hablado ni una palabra de ética. Pero déjenme que resuma lo que acabo de escribir en mi credo particular:

* Estoy convencido de que mi vida me pertenece a mí y a nadie más
* Prefiero ser yo quien toma las decisiones que a mí me afectan
* Respeto la vida de los otros e intento evitar en todo momento cualquier intento por mi parte que les obligue a ser como yo
* La mayoría (también si yo soy parte de ella) no siempre tiene razón
* Justo es, para mí, tratar a todos de igual manera y reconocer que nadie es igual a nadie: todos los distintos somos iguales ante la ley. Otros son más ricos, más guapos, más inteligentes que yo, pero ninguno es como yo. Por eso no les envidio, ni les odio
* No juzgo las medidas y los sistemas políticos por sus intenciones, sino por sus resultados
* El hombre es per se capaz de vivir en paz. Soy claramente contrario al uso de la violencia. Pero reclamo el derecho de autodefensa!
* Me declaro enemigo de cualquier forma de poder central. El poder debe de estar administrado y controlado lo más cerca posible de las personas

Esto me permite terminar esta primera parte con una pregunta a mis lectores. Depues de leer este post, les parezco un relativistsa moral? Lo son quienes así piensan? Tal vez cambien de opinión tras leer la segunda parte de este "discurso" (Espero que no les esté resultando demasiado aburrido)

Desde el exilio

1 comentario:

Argenlibre dijo...

Saludos desde el Movimiento Argenlibre
argenlibre.blogspot.com