lunes, junio 25, 2007

Honestidad

Por Inmaculada Sánchez Ramos

“Pretendo gobernar para todos desde unos principios y unos valores en los que creo; unos valores que se encierran en dos palabras: libertad y España, y estoy convencida de que la defensa de la libertad y la defensa de España como una gran nación de ciudadanos libres e iguales puede unir y aglutinar a la inmensa mayoría de los españoles”.

Estas son las palabras que, en mi opinión, recogen la esencia del discurso de Esperanza Aguirre en el debate de investidura el pasado 18 de junio ante la Asamblea de Madrid y que, a su vez, resumen el modo de gobernar de Esperanza Aguirre: desde los valores.

Conforme estaba leyendo el discurso me vino a la memoria una anécdota que me ocurrió con Esperanza Aguirre y que, probablemente ella, desconozca. Es una anécdota muy sencilla, del día a día, de lo cotidiano y, al mismo tiempo, altamente significativa.

Yo, pertenezco a la Federación Española de Mujeres Directivas y entre las actividades de toda índole que llevamos a cabo en dicha asociación, celebramos unas comidas-coloquio con periodicidad mensual en el Club Financiero Génova con personalidades de distintos ámbitos de la vida pública, tales como la cultura, la ciencia, la política y la empresa. Se pretende, que en los encuentros no seamos muchas personas para que el debate pueda ser muy vivo y real.

Pues bien, en una ocasión, cuando Esperanza Aguirre era candidata a la Presidencia de la Comunidad de Madrid por primera vez, fue la invitada a uno de nuestros almuerzos para que nos expusiera su proyecto y programa electoral. En la mesa se sentó a mi lado María, yo no la conocía, hecho éste que no me sorprendió pues casi todos los meses hay alguna cara nueva, ya que las socias podemos llevar a conocidas y amigas nuestras.

María desarrollaba su labor profesional en el sector de la atención de las personas mayores y, más en concreto, en el ámbito de las residencias de ancianos. Yo, a la sazón, era gerente de desarrollo de negocio para sector de las telecomunicaciones en una conocida empresa de consultoría llamada KPMG Consulting y, debido a mi actividad profesional, gozaba de una interesante agenda de contactos, eso sí, en mi sector. A lo largo de la conversación le iba comentando a María como generábamos las relaciones comerciales de solvencia. Estuvimos hablando amigablemente durante la comida y ella me indicaba que efectivamente en la fase que se encontraban sus proyectos le interesaba mucho tener contactos para la mejor comercialización del producto y que gustaría tener una conversación informal conmigo para ver como le podía ayudar y guiar es este tema. Yo, le dije, claramente, que ese sector era, prácticamente desconocido, para mí, pero que, con mucho gusto, nos tomábamos un café y charlábamos acerca de cómo podría desarrollar el negocio. Estando en este punto de la conversación nos encontrábamos ya a los postres y, por tanto, comenzó, como era habitual en los encuentros, la intervención del invitado, en este caso de la invitada. Esperanza, nos esbozó las líneas principales de su programa para que posteriormente comenzara el turno de preguntas y el debate. Recuerdo, que fue un debate entretenido, vivo y ágil lo que suscitó muchas intervenciones y se alargó más de lo habitual.

Nos dispusimos todas a despedirnos, no sin una cierta premura, ya que se nos había hecho un poco tarde y, naturalmente, María y yo quedamos, como ya habíamos tratado, en vernos, para lo cual nos intercambiamos las tarjetas de visita con nuestros datos y así llamarnos, ya que no teníamos las agendas a mano. Yéndome, de modo apresurado, le indiqué: María a lo largo de la tarde te llamo y cerramos una cita. Me fui a la calle, cogí un taxi dirección Torre Europa, miré la tarjeta con más detenimiento y cual fue mi sorpresa que el nombre constaba en la misma era el de María Aguirre.

Efectivamente, Maria era la hermana de Esperanza Aguirre. Curioso, ¿verdad?, me pide a mí los contactos y no a su hermana. Este hecho, al menos, da que pensar. Recordemos que Esperanza Aguirre tenía ya una importante carrera en la vida política española, había sido Concejal del Ayuntamiento de Madrid, Ministra del Gobierno de España y había ocupado relevantes puestos en distintas Administraciones Públicas y sin embrago a María no le pasaba por la cabeza ni, remotamente pedir este tipo de información a su hermana.

Creo que la anécdota merece ser contada, creo que no por sencilla y simple deja de ser altamente significativa y clarificadora de una manera de concebir el ejercicio de la política activa. Juzguen ustedes mismos.

Desde la libertad

1 comentario:

Joaquin Vega dijo...

Interesante anecdota.
Pero es como preguntarle por el precio del cafe a ZP. Tantos años en las altas esferas que se pierde el pulso de la calle. Preguntarle algo asi a Esperanza Aguirre seria ponerla en un compromiso, ya que tendria que pasar el "tema" a un consejero o director general de su confianza, y este a su vez se veria en un compromiso, etc.
Naturalmente todo lo contrario a como hacen los socialistas, donde los hermanisimos son leyenda.
Pero esta anecdota dice mucho de Aguirre, y de su honestidad, como muy bien titulas este post tan bien escrito.