martes, abril 18, 2006

La igualdad y el igualitarismo


No sé muy bien por qué se confunden los términos.

La igualdad es básica para la libertad. No puede haber libertad si no nos tratamos entre iguales, si alguien es superior a alguien nunca puede haber un trato de igualdad. Y ese alguien estará capacitado para imponerse al de abajo. Otra cosa es el igualitarismo.

El igualitarismo es la doctrina por la cual el Estado, mejor dicho, la asociación de una parte de la ciudadanía trata de coaccionar a los demás para imponer unas estructuras que limiten el efecto de la libertad.

Esto es así no porque la libertad en sí sea perniciosa sino porque en libertad las capacidades individuales se desarrollan… O no.

Sólo en libertad se puede saber lo que uno verdaderamente vale. Por ello muchos de aquellos que no logran sus objetivos o sus sueños piensan que tienen la culpa otros. Es muy duro reconocer que no has sido capaz de encontrar un trabajo porque te has pasado toda la vida escolar sin pegar ni chapa. Es muy duro reconocer que te han echado de tu trabajo porque tu desempeño deja mucho que desear y que ha venido otro que tiene mas ganas de trabajar que tu, o mas ganas de formarse que tu o que tiene una falda mas corta que tu (las mujeres, claro). Es muy duro reconocer que el paso del tiempo nos apremia a reconocer el cómo y de qué manera nos hemos desempeñado en esta vida. Es decir, es muy duro reconocer cuando las cosas nos vienen mal dadas es que quizás, sólo quizás, no hemos sido responsables con nuestra propia vida. Por eso la libertad es tan perniciosa para algunos, por eso la existencia del Estado trata de suavizar las consecuencias de la dura tarea de la libertad

Eso no tendría en sí mucha importancia salvo por una nimia cuestión, o que a muchos así les parece, que el Estado usa para lograr ese igualitarismo algo tan nefasto y tan contrario a la igualdad y la libertad como la coacción.

Cuando en una sociedad en la que no existe el estado las personas se rigen por el principio de la no coacción sólo puede sobresalir el sentido de la responsabilidad. En el momento en el que el Estado, usando la coacción, atempera los efectos de la libertad para con aquellos que no tienen un buen desempeño en su vida lo que está haciendo es limitar el sentido de la responsabilidad personal. Pero es que además acrecienta la falta del sentido del respeto. En el momento en el que lo que a mi me pasa ya no es culpa irremediablemente mía sino de los otros, se empieza a convertir en lícito el coaccionarlos para que “todos” tengamos las mismas oportunidades, como si el hecho de garantizar unos mínimos de igualdad de oportunidades vayan a favorecer el igual desempeño de todos en vez de provocar que aquellos que son igualados a la fuerza o que son menospreciados en sus valores tomen posiciones distintas a las esperadas. Es decir, provoque que se valore poco lo poco que se consiga o que se acabe buscando que sean otros el que les solucionen los problemas puesto que eso es lo que se ha aprendido.
Por tanto se yerra cuando se identifica la igualdad con la progresía puesto que la igualdad forma parte indiscutible de la libertad.
Bastiat