viernes, marzo 24, 2006

Todos los presidentes tienen su tregua

Desde que empezó la democracia todos los presidentes han tenido 'su tregua'. Con todas ellas hemos soñado, nos hemos ilusionado con la idea de la paz, y hemos confiado en nuestros gobernantes para llevarla a buen termino con dignidad y honor.

El resultado fue siempre el mismo: un fracaso rotundo. Esa odiosa sensación de no ser capaces de culminar la solución del problema seguro que amargó a nuestros anteriores presidentes, que por un momento soñaron con ser protagonistas señalados de nuestra historia. Zapatero tambien tiene esa oportunidad y, atendiendo a esa tradición, éste es su momento. Y sin embargo, en esta ocasión la inevitable ilusión que genera atisbar el fin del terror tiene un pero: la inquietud de que el proceso esté justamente en manos de ZP, un personaje capaz de vender todo con tal de hacer posible su visión del mundo. Así, la ilusión se transforma en inquietud. En la sospecha, no ya de que vaya a ceder mucho más allá de lo que la dignidad y el honor permiten, sino de que probablemente ya lo ha hecho en secreto, y de que muchas cosas de las que están sucediendo en los últimos meses son pagos anticipados. Y es entonces cuando surge la gran pregunta: la paz, sí, pero ¿a cualquier precio?

Germont y Pilar

2 comentarios:

Berlin Smith dijo...

Me da que, para lo bueno y/o para lo malo, esta tregua, alto el fuego permanente, es distinta.

bastiat dijo...

Berlin. Si, hay algo distinto.

Distinto es que, tras el acoso y la firmeza en la época de Aznar la banda se encontraba en franco retroceso. Y la diferencia es que ahora hay un presidente de gobierno que esta dispuesto a pagar precio político por que dejen de matar.

Lo preocupante es lo último, lo que echamos de menos es la firmeza en la defensa del Estado de Derecho, la firmeza en la defensa de las victimas, la defensa de los valores democráticos y lo que nos gustaría no estar pudiendo comprobar es cómo un partido “¿nacional?” está entregando cotas de poder a unos asesinos a cambio de que no ejerzan de tales. Es decir, el PSOE está justificando que el asesinato, la extorsión y el secuestro sean armas políticas.

Lo distinto es el Gobierno.