lunes, febrero 06, 2006

Elogio del sentido común

En el fragor del combate político e ideológico, conviene de cuando en cuando detenerse al margen del campo de batalla (o si prefieren, en términos menos poéticos, hacer un kitkat) y valorar si muchas de las cuestiones que nos ocupan largas horas de controversia no serían mucho más atacables desde el flanco del sentido común, en vez de con la artillería de la ideología.

Un ejemplo: un ciudadano español está a punto de comenzar una huelga de hambre para reclamar que en la segunda ciudad de España su hijo pueda estudiar en español. ¿Realmente es necesario recurrir al debate político para explicar lo absurdo, lo kafkiano de este asunto? ¿Es imaginable en cualquier otro lugar de Europa?

Otro, relacionado con el mismo tema: los partidos nacionalistas pretenden que en el Congreso cada uno pueda hablar en su idioma, y que se contraten traductores simultáneos. Más de lo mismo: ¿es lógico perder un solo segundo de nuestro tiempo discutiendo la conveniencia o inconveniencia política de esta medida, que solo cabe calificar de idiota? Habiendo un idioma común que todos los diputados entienden y hablan, ¿alguien en su sano juicio puede pretender convertir el parlamento en torre de babel, y alguien en sus cabales puede entrar siquiera a discutirlo?

Y otro que va más allá de nuestras fronteras: ¿hay que plantearse siquiera disculparse por unas caricaturas mayormente inofensivas, cuando los presuntos ofendidos han pasado directamente a quemar embajadas? Pero ¿de qué estamos hablando, de contemporizar siempre con los que más gritan con los más violentos?

Quizá el partido que echamos de menos en España no tiene que hacer hincapié en su liberalismo, sino en el sentido común. El menos común de los sentidos, por cierto, lo cual le auguraría unas escasísimas perspectivas electorales.


Germont

1 comentario:

freebloger dijo...

Pues sí, es verdad que hay veces que en la vorágine de las discusiones uno puede perder las referencias, pero hay que poner un coto, y si es el caso, pedirle al interlocutor que se retrate. ¿Crees en la libertad de expresión, sí o no? Si es sí, es incompatible con el CAC y punto pelota. ¿Crees en el derecho de un padre a que su hijo reciba educación en su lengua materna, sí o no? Pues ya está. Y lo que sea pasar de ahí es discusión vana. Es que quizás resulta que no todo el mundo es tan democrático y tiene tanto respeto por las libertades como se dice o se piensa..en fin, es que al tema de esta entrada le doy también muchas vueltas. Un saludo