martes, enero 31, 2006

Una aristocracia adolescente: Los Premios Goya

Hasta hace poco ese tipo de espectaculos me resultaban aburridos pero validos para pasar una velada reblandeciendo el cerebro delante de la television. No es algo muy sano, en terminos intelectuales, pero quizas sea sano para la psique y para la higiene mental dejar durante un tiempo de discurrir en serio y ver como personajillos pasan por la pantalla luciendo su modelo y su fantasia con la que pretenden llamar mas o menos la atencion. Un muestrario de vanidades mal llevadas que es ciertamente dificil de soportar. Pero despues de una buena cena, comiendo unas galletas de chocolate y quizas con una copita de pacharan la cosa puede ser tragada.

Sin embargo, ya no puedo, como hace unos anyos, quedarme viendo ese espectaculo con el cerebro en proceso de desconexion pre-onirica.

No. Ya no es posible. Porque cada sonrisa, cada palabra, cada vestido cuidadosamente desarreglado, cada pretension y cada agradecimiento nyonyo y cada lagrima a medias entre la pubertad mal vivida y lo kitsch mas grotesco es absolutamente insoportable. Hubo un tiempo en el que iba a ver peliculas espanyolas con tranquilidad y no me planteaba mas que si la pelicula me gustaba o no. Pero desde que los divos del espectaculo iberico han sido encumbrados como modelos de la Nueva Cultura, a golpe de talonario que el Ministerio suelta, se me hace mas dificil quedarme tranquilo. Y la cuestion es que muchas de las historias que se cuentan en el cine espanyol puede ser interesantes, puede ser emotivas y pueden ser vistas con calma.

Pero muchas historias no son mas que transmision final, por via emotiva, del mensaje progre que por activa y por pasiva parece que hay que ir asimilando. Me gustaria poder separar el grano de la paja en todo ese montaje pero me parece que cada vez hay mas paja (en todos los sentidos y perdon por la expresion) y menos grano.

Mensajes sensibleros, apoteosis de lo politicamente correcto, vanidades orgullosas, falsas modestias, exhicionismo de sentimientos. Un frio espectaculo el que toda critica, toda labor de analisis, todo pensamiento realmente alternativo queda marginado, ninguneado bajo los aplausos melancolicos de esa adolescencia mal vivida en la que todavia retoza nuestra aristocracia cultural.

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