martes, julio 31, 2007

Mileuristas

Por Inmaculada Sánchez Ramos.

Nos han encallecido tanto el alma que no sólo no nos indigna, que no sólo no nos parece incorrecto, sino que más allá de la no aceptación de la “medida” nos deja en la más total indiferencia, siendo este hecho todavía mucho más grave que si la aceptáramos.

Nos han encallecido tanto el alma que nos parece razonable, lo increíble.- literalmente in-creíble, no creíble- y llegamos a creerlo y, aún es más, ni siquiera nos inmuta.

Funciona, y funciona muy bien, la propaganda, el lavado de cerebro de las masas. Nos tragamos, como un sapo que fuera inevitable desayunárselo, sin empacho, sin problemas, sin ningún tipo de sentido crítico, como algo normal el que haya que pagar a alguien para que deje de matar.

Hemos conocido que se prometió pagar a los etarras, como si de funcionarios se tratase, por un servicio prestado a la sociedad. Excelente medida para construir el estado del chantaje. Excelente manera de construir una sociedad en la que se imponga la ley del más fuerte.

Del mismo modo, ¿no sería lógico que los ladrones exigieran un sueldo para dejar de robar?, ¿no sería lógico que los violares exigieran un salario para dejar de violar?.

Realmente, lo que verdaderamente escandaliza es que no nos escandalice y que estemos tan tranquilos en nuestros retiros estivales, mientras a los etarras se les pretendía pagar más que a los sufridos mileuristas.

Inmaculada Sánchez Ramos
Desde la libertad

1 comentario:

bill dijo...

Lo que no termino de entender es por qué escandaliza ahora y no cuando se planteaban las mismas medidas en en la tregua de 1998.

Dice El Mundo, en la misma edición en la que saca la noticia:

"Hay que recordar que en 1998, con motivo de los encuentros que el gobierno de José María Aznar mantuvo con la banda terrorista en Suiza, ya se planteó la posibilidad de destinar una importante partida económica para la reinserción de los etarras que dejaran las armas (Ver EL MUNDO del 6 de noviembre de 1998).

El Ejecutivo de aquella época también analizó cómo abordar la reinserción social de los presos, refugiados y deportados de ETA. Es decir, José María Aznar y su gobierno planteó la salida laboral de los etarras que, durante muchos años, no habían hecho otra cosa que «pegar tiros».

En aquellas mismas conversaciones también se trató la posibilidad de buscar ayudas complementarias a la reinserción, como ocurrió en 1982 cuando los polimilis abandonaron las armas y se disolvieron."