miércoles, febrero 22, 2006

Todos tenemos un abuelo

Al abuelo de mi mujer también lo mataron los rojos.

Ni mi mujer ni mi suegra han conocido a su antecesor, abuelo y padre, respectivamente. Lo mataron cuando sus hijas tenían uno y tres años y mi suegra no se acuerda de su padre…. Dejó viuda con 23 años, y dos niñas que sacar adelante.

Era carpintero y lo mataron por haber pedido el voto a un partido de derechas. Lo fusilaron de espaldas junto al cauce del Canal de Aragón y Cataluña, para que las aguas trasladaran el cuerpo bien lejos del pueblo.

En la posguerra a la viuda, Josefa, la invitaron a que denunciara a los asesinos de su marido, para pasarlos por el paredón. Pero Josefa dijo que ella no acusaba a nadie, porque con una viuda ya bastaba, que no quería generar otra viuda más, y que con ese ajusticiamiento nadie le devolvería a su marido....

Josefa nunca dijo a sus hijas quienes habían matado a su marido; no quiso que crecieran en el rencor hacia unos vecinos con quienes compartían las calles del pequeño pueblo; jamás vi en Josefa huella de rencor alguna, todo lo contrario; y nunca he visto en mi suegra un ápice de odio o venganza contra los asesinos de su padre; por el contrario siempre ánimo de olvidar y perdonar.

Cuando, hace diez años, Josefa era consciente de que iba a morir se dirigió a su hija, mi suegra, y le dijo: “Vé al pueblo y dile a Fulano que le perdono por lo que hizo a mi marido” Mi suegra nunca nos ha dicho quien es “Fulano” el asesino de su padre, ni lo queremos saber. Y así ocurrió: fue a ver a Fulano y, con suma delicadeza y caridad, le hizo saber la última voluntad de su madre.

Y si nuestro Presidente Adolescente nos está dando lecciones de rencor y venganza, que se aguante esos sentimientos negativos y perniciosos, y que abra su corazón a la faceta más hermosa que anida en los corazones cuando se cultivan, adecuadamente, en la comprensión y en el perdón.

Bachiller.

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