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miércoles, agosto 15, 2007

TVE insulta a los cristianos surcoreanos secuestrados

Michelle Malkin nos informa de que 16,000 misioneros surcoreanos arriesgan sus vidas en China, Corea del Norte, África y Oriente Medio. En Afganistán, Shim Sung-min y Bae Hyeong-gyu ya han sido asesinados en el nombre de Alá. Ellos sí que son practicantes de una verdadera religión de paz, no como sus islamitas asesinos tan aficionados a las bombas y a los AKs-47.
El papel de los medios ante esta crisis oscila entre la indiferencia y la culpabilización de las víctimas.Así calificó Rosa María Calaf, una corresponsal (muy "prestigiosa")de Televisión Española, a los cooperantes surcoreanos SECUESTRADOS en Afganistán por los TALIBANES. A los que están asesinando uno a uno para que se obedezcan sus exigencias. ¿Su culpa? Ser "ingenuos" e "inexpertos" al haber ido a esa zona, pero sobre todo, ser FUNDAMENTALISTAS RELIGIOSOS por haber ido a Afganistán como MISIONEROS.
Vía Eurabian, Contra yihad y Persio

domingo, julio 22, 2007

Jesús de Polanco y la democracia española

Por Lugo liberal
De todos los tributos y recuerdos rendidos a Jesús de Polanco en la hora de su muerte –y vaya por delante que sólo cabe desear que descanse en paz y tenga suerte, ahora que se iguala a todos los demás mortales-, la mayoría deslizados en tono hacia el panegírico, temo que el más ajustado a la realidad es el de Jesús Cacho en El Confidencial.
[...] pocos proyectos editoriales nacieron con un capital de ilusión como el que encabezó un diario El País nato, prácticamente, con las libertades. Pocos ejemplos hay tan notables de derroche.
Dice Cacho que una palabra de Jesús de Polanco hubiera servido para hacer mucho y bueno por las libertades en España. Una sola. Puede que exagere. Quizá sobrevalora el poder de ese “cañón Bertha” y sus editoriales. Pero pudieron haberlo intentado, la verdad. Pudieron haberlo intentado.
A todos, del Rey abajo –y nunca mejor dicho- compete la responsabilidad de que hayamos terminado por tener una democracia tan sumamente imperfecta que, a veces, cabría decir que se reduce al derecho de voto. Los españoles creen vivir en democracia porque eligen, dentro del menú del día, a sus representantes. Supongo que, sí, todos han tenido que ver en que, en este país, jamás se haya hecho verdadera pedagogía de las libertades. Todos han contribuido a que no se distinga lo medular de lo accesorio, la Libertad de las técnicas destinadas a mantenerla. Todos, en fin, son responsables del deterioro de las instituciones, difícil de creer en unos pocos años como los que, en suma, han transcurrido desde la muerte de Franco. [...]
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miércoles, abril 18, 2007

Entrevista a Hermann Tertsch (expulsado de El País después de 24 años)

Hermann Tertsch del Valle-Lersundi (Madrid, 1958) es periodista, especializado en temas de política internacional. En 1983 inició su labor en el diario El País con informaciones y análisis sobre las entonces incipientes reformas en los países socialistas en Europa Central y los Balcanes. A partir de 1993 y hasta 1996 fue subdirector de El País, responsable de la sección de Opinión. Ha recibido varios galardones periodísticos, entre ellos el Premio Cirilo Rodríguez de Periodismo (1990), el premio a la mejor labor española en el extranjero del Club Internacional de Prensa de Madrid (1992), el Premio Europa de Periodismo del Consejo de Europa y del Parlamento Europeo (1993) y el Premio Continente de Periodismo (1994).

Entrevista a Hermann Tertsch por Basta ya!
Creo que la nueva generación que llegó al poder bajo Rodríguez Zapatero y sólo gracias a toda una concatenación increíble de accidentes insólitos es la peor cosecha de los fracasos de la sociedad española tras el franquismo. Los denominadores comunes de la misma son la mediocridad y un relativismo tan profundo que hace que sus miembros sean perfectamente inmunes a cualquier discurso que no sea su propia letanía sectaria. Miedosos e insensatos a un tiempo, sectarios, incultos y por ello perfectamente inmunes a la autocrítica, son gente por talante mucho más cercana a los aparatchiks de los regímenes autoritarios o totalitarios que al político humanista de una sociedad abierta democrática.

Gente poco preparada en general, ve enemigos en todo lo que está fuera de sus pequeños mundos. A esa gente -y no hablo de mi ex periódico, hablo de eso que llaman genéricamente progresismo, tan bien representado por esa tropa de miles de intelectuales que heroicamente defienden al poder contra toda crítica y quieren imponer silencio a la oposición, con esa actitud que nunca se llamó intelectual sino servil, lacayuna, interesada o sencillamente indigna-, le es fundamental un enemigo máximo. Aquí está la clave de esa cohesión forzada bajo mediocres que lleva a una selección en la que los peores siempre tienen las mejores oportunidades de medrar.

Para leer la entrevista completa pincha aquí

miércoles, febrero 21, 2007

Hablemos con propiedad: lengua propia y libertad

Mi primer contacto con el conflicto lingüístico en Galicia se produjo en los últimos años del franquismo, cuando participé en mi pueblo en una manifestación para apoyar a un maestro de la zona que iba a ser sancionado por enseñar en gallego a los niños gallegoparlantes de su escuela. Yo era entonces apenas un chaval, pero supongo que no tuve mucha dificultad en intuir lo que resulta meridianamente claro: que constituye una cruel estupidez alfabetizar a los alumnos en una lengua distinta de la suya.
Desde aquellos lúgubres años hemos hecho un largo viaje hacia la libertad como para que alguien nos venga ahora con lo mismo: con que todos los niños de Galicia, al margen de cual sea su lengua materna, deben aprender a leer y a escribir en lo que ha dado en llamarse, con evidente abuso, la «lengua propia» del país. Una exigencia esa que, de aceptarse, supondría restituir una práctica franquista, sólo que al revés.
La teoría con la que pretende justificarse ese atentado al sentido común, a la pedagogía y a la libertad es tan falaz como su directa consecuencia: la de que son los países, y no sus habitantes, los que tienen lengua propia. Sólo hay que darse una vuelta por Galicia para constatar que no es así y que el gallego es tan propio para quienes hablan en gallego como lo es el castellano para quienes hablan en castellano. Y para constatar, también, que una y otra lenguas son percibidas como igualmente propias por esa mayoría de gallegos que las manejamos con toda normalidad, sin que surjan por ello más conflictos que los que plantean los vigilantes de la playa.
Sólo la insaciable presión de esos vigilantes permite explicar, de hecho, que nuestra Consellería de Educación haya pensado en cambiar el sistema ahora vigente, que garantiza que los niños se alfabetizarán en su lengua propia, es decir, en la materna. Un sistema que, por sensato y respetuoso con la libertad, no ha provocado protesta alguna de padres gallegoparlantes que pudieran haber sentido violados sus derechos.
Esa violación sería masiva, sin embargo, si la Consellería aceptara la exigencia que, tras una sabia rectificación, ha anunciado que será finalmente rechazada: la de que todos los niños de Galicia -también los castellanoparlantes- sean alfabetizados en gallego. Masiva, sí, según lo demuestra uno de los datos contenidos en el libro Lingua inicial e competencia lingüística en Galicia publicado en 1994 por la Real Academia Galega: que en el grupo de edad de los más jóvenes (16 a 24 años), los castellanohablantes iniciales eran ya entonces el 46% del país y los gallegohablantes sólo el 34% del total.

Roberto L. Blanco Valdés
La Voz de Galicia